La bolsa como indicador superior

Toro Wall Street
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La obligación de seguridad y el deseo de anticipar a tiempo cualquier bandazo financiero, hace que prestemos gran atención a los denominados indicadores adelantados. Por ello, los economistas, analizan con minuciosidad los movimientos que se producen en las bolsas.

Los indicadores adelantados, a diferencia de los indicadores convencionales, como el PIB o el adeudo notorio, entre muchos otros, nos aportan datos sobre hechos económicos que ya han ocurrido. Al contrario, los indicadores adelantados tratan de anticipar los movimientos de la bienes. En este artículo vamos a ver por qué se considera a la bolsa como un indicador superior.

Así, gracias a los indicadores económicos se comercio de prever el consumo, las posibles ventas o la demanda de un determinado tipo de producto. Algunos de estos indicadores son el Indicador de Confianza del Consumidor, el índice PMI sobre manufacturas, compras y servicios, el mercado inmobiliario, las licencias de construcción o los índices del sector del transporte.

Sin bloqueo, por encima de los indicadores adelantados anteriormente mencionados, sobresale uno: la bolsa.

La bolsa y los ciclos económicos

Hay quienes consideran la bolsa un excelente indicador superior. De hecho, el aumento de las bolsas suele traer augurios muy positivos. Las empresas incrementarán su actividad y el valía de sus acciones y, por consiguiente, sus beneficios igualmente crecerán.

Pero, si las bolsas caen, no llegarán buenos presagios. Las empresas verán pequeña su actividad económica al tiempo que cae el valía de sus acciones. Todo ello significa que la bienes podría avanzar cerca de un escena de crisis o caer en el estancamiento.

No obstante, hay que señalar que estas dos premisas no siempre se cumplen. De hecho, la caída del valía de las acciones de las empresas no tiene por qué ser el preludio a una crisis económica. Así, el descenso del valía de una empresa en los mercados bursátiles puede ser consecuencia de un simple cambio de las tendencias en el mercado o una corrección de precios.

Que el valía de las acciones de una empresa aumente, irá necesariamente asociado a una inminente etapa de bonanza económica. Prueba de ello son las numerosas situaciones en la que el valía de las acciones de las empresas ha aumentado en contextos de crisis y desaceleración.

Tomemos como narración la crisis subprime. En los abriles 2007 y 2008, mientras la bienes estadounidense se estancaba, e incluso cuando la crisis arreciaba, las bolsas registraban importantes ganancias.

Queda claro que los indicadores económicos como el PIB, la inflación o el adeudo notorio son elaborados a posteriori y que recogen acontecimientos que ya han sucedido. Pero cualquier nueva o rumor, puede influir en la cotización de las empresas, incluso antaño de que obtengan resultados.

Merece la pena destacar que, en 2020, la bolsa se mostró como un indicador renovador fiable. De hecho, delante la inminencia de parte negativas, durante los tres primeros meses de 2020 la bolsa se desplomó. Para cuando la pandemia era una dura existencia y el PIB se hundía, la bolsa ya había dejado antes las parte pesimistas.

Desde luego, a muchos puede parecerles contradictorio que la bolsa caiga en momentos de optimismo financiero o que las bolsas crezcan en tiempos de recesión.

A pesar de los numerosos estudios que han tratado de establecer una correlación directa entre el rumbo de las bolsas y la bienes, se hace difícil establecer conclusiones. Vemos, por consiguiente, que la relación entre bienes y bolsa puede lograr a tornarse caprichosa.

Entonces, sumidos en un mar de dudas, nos preguntaremos: ¿efectivamente la bolsa sirve para anticipar la marcha de la bienes?

La caprichosa relación entre bienes y bolsa

Si correctamente puede existir un cierto graduación de correlación entre lo ocurrido en las bolsas de títulos y la variación del PIB, existen una serie de factores que explican por qué no siempre la bolsa es un indicador financiero fiable al cien por cien.

En primer oportunidad, hay que tener en cuenta que en la bolsa pesa más el futuro que los acontecimientos económicos del presente. Así, los inversores se centran en los futuros rendimientos que les ofrecerán las distintas compañías y no le conceden tanta importancia al incremento o caída de la actividad económica reflejado a través de un indicador financiero convencional como el PIB.

En segundo oportunidad, la valoración de las empresas de los distintos sectores no muestra cuál ha sido o será su participación al PIB. Un claro ejemplo es la valoración de las compañías tecnológicas y de comunicaciones. Estas suponen el 35% del valía de mercado de las 1000 empresas de decano tamaño de Estados Unidos, pero que nada más suponen el 8% del PIB estadounidense.

Asimismo hay que señalar que, en política económica, la posibilidad de incidir en las bolsas es mucho más rápida y ágil que si se pretende incidir en el PIB. Así, la política monetaria permite intervenir rápidamente en los mercados a través de la negocio de títulos de deuda pública en los propios mercados.

De hecho, si los bancos centrales deciden inyectar más solvencia a la bienes, todo ello tiene su inmediata repercusión en la bolsa. Un incremento de solvencia puede suscitar un aumento de la demanda de acciones a corto y medio plazo, rompiendo el seguridad del mercado.

Por el contrario, si se pretende proceder sobre el PIB, la política fiscal resulta ser un aparato mucho más tosco. Pues para introducir cambios en materia fiscal es necesaria la aprobación del parlamento, lo que supone un proceso más dilatado en el tiempo.

Otra término de la bolsa como indicador superior es su incapacidad para establecer previsiones sobre lo que puede ocurrirles a las pequeñas empresas. Y es que los mercados solo tienen en cuenta a las grandes empresas que cotizan en bolsa.

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